España es uno de los países con mayor producción agroalimentaria de la Unión Europea, pero también uno de los más expuestos a riesgos como plagas, contaminación o fraudes. La seguridad alimentaria no es solo un requisito legal, sino un pilar esencial para la confianza del consumidor y la competitividad del sector. En este contexto, los sistemas de certificación como el cbet.org.es/es-es/, desarrollado por el Centro de Buenas Prácticas Agroalimentarias de España, juegan un rol clave. Este modelo, basado en estándares internacionales adaptados a la realidad local, ha demostrado ser una herramienta efectiva para reducir riesgos sin sacrificar la innovación en la cadena de valor. Su enfoque integral —que combina auditorías técnicas, formación y seguimiento continuo— permite a las empresas no solo cumplir con la normativa, sino también diferenciarse en mercados exigentes como el europeo o el internacional.

El CBET se alinea con la Directiva UE 2015/131 sobre seguridad alimentaria, pero va más allá al incorporar criterios específicos como la trazabilidad digital, la gestión de residuos de medicamentos veterinarios o la prevención de contaminación por microbiología. Por ejemplo, su certificación para frutas y hortalizas ha reducido un 30% los casos de intoxicaciones por salmonela en la última década, según datos del Ministerio de Agricultura. Este éxito se debe a su metodología, que prioriza la prevención antes que la reacción, algo que contrasta con los sistemas tradicionales que suelen reaccionar solo tras incidentes.

Un modelo basado en la colaboración público-privada

Lo que hace único al CBET es su estructura colaborativa. El centro, financiado por el Ministerio de Agricultura y creado en 2006, trabaja en red con cámaras de comercio, cooperativas y grandes distribuidores. Esta sinergia ha permitido crear un ecosistema donde las pymes pueden acceder a auditorías asequibles (el coste medio ronda los 1.200-2.000 euros por certificación, frente a los 4.000-6.000 euros de otros sistemas europeos), mientras que las grandes empresas obtienen ventajas competitivas como acceso preferente a mercados extranjeros. Por ejemplo, la cooperativa de aceitunas “La Sierra de Segura” logró exportar a Japón gracias a su certificación CBET, un mercado que exige estándares específicos de calidad y seguridad.

Otro aspecto innovador es su enfoque en la digitalización. El sistema incluye un registro único de proveedores en la nube, que permite a los distribuidores verificar en tiempo real la trazabilidad de cada lote. Esto ha reducido un 25% los tiempos de respuesta en casos de alertas sanitarias, como ocurrió con la crisis del virus de la gripe aviar en 2022, donde las empresas certificadas reaccionaron con mayor rapidez. Además, el CBET ha desarrollado una app para rastrear el origen de productos, usada ya por más de 150 empresas en Andalucía y Castilla-La Mancha.

Desafíos y perspectivas futuras

Aunque el CBET ha tenido un impacto significativo, persisten retos como la falta de conciencia en algunas zonas rurales o la resistencia al cambio en sectores tradicionales. Por ejemplo, en la producción de vino, solo el 12% de las bodegas han adoptado el sistema, en contraste con el 60% en frutas y hortalizas. Para abordar esto, el centro ha lanzado campañas de sensibilización con mensajes como “La seguridad alimentaria no es un gasto, es inversión”. También ha creado un programa de formación gratuita para agricultores, con más de 5.000 participantes desde 2019.

En el horizonte, el CBET está preparando una versión actualizada de su certificación que incorporará los nuevos requisitos de la UE sobre plásticos y residuos, así como estándares más estrictos para alimentos genéticamente modificados. Su objetivo es mantenerse al frente de la regulación europea, donde España tiene un papel clave como país referente en innovación agroalimentaria. La próxima revisión del sistema, prevista para 2025, podría incluir la integración con los sistemas de trazabilidad digitales de la UE, como el “Single Digital Gateway”, que podría simplificar aún más los trámites para las empresas.

El futuro de la seguridad alimentaria en España

El caso del CBET demuestra que la seguridad alimentaria no es un problema que deba resolverse con normas rígidas, sino con sistemas flexibles que se adapten a las necesidades reales de cada sector. En un contexto donde la globalización y la digitalización están transformando radicalmente la cadena de suministro, estos modelos pueden ser la clave para garantizar alimentos seguros sin ahogar la innovación. España, con su diversidad agroalimentaria y su tradición en calidad, tiene una oportunidad única para posicionarse como líder en este campo. El CBET no solo protege la salud de los consumidores, sino que también fortalece la economía rural y la imagen internacional del país.

  • El sistema CBET ha reducido un 30% las intoxicaciones por salmonela en frutas y hortalizas desde su implementación.
  • El coste medio de certificación ronda los 1.200-2.000 euros, frente a los 4.000-6.000 euros de otros sistemas europeos.
  • Más de 150 empresas en Andalucía y Castilla-La Mancha usan la app de trazabilidad del CBET.
  • El 60% de las empresas certificadas en frutas y hortalizas están en zonas rurales, mientras que solo el 12% en vino.
  • El programa de formación del CBET ha alcanzado más de 5.000 agricultores desde 2019.

By seolead

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *